Al cabo de un tiempo, inicie un viaje en una maquina que
había inventado. Era una especie de cesta de la que salía unas alas que yo conseguía
mover por unos pedales. Pasaron unas semanas y la comida ya empezaba a faltar y
lo único que veía era mar, mar, mar y… ¿he dicho mar?
Cuando ya lo iba a dejar, vi a lo lejos tierra, pensé que me
había vuelto loco, me acerque y resulto que no estaba loco, que si que había
tierra, pero al revés, pegada al cielo. Aterrice y me encontré con un chico que andaba al revés,
haciendo el pino. Le salude:
-Hola, me llamo Gulliver ¿y tú?
-Fernanz llamo me encantado.
Había llegado a Verres. Me di cuenta de que no solo
andaban al revés sino que también hablaban al revés. También que empezaban la
comida por el postre, la gente empezaba siendo mayor y luego niño. Me quede un
par de años en ese lugar cuando regrese era dos años más joven.

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