viernes, 23 de noviembre de 2012

Verres



Al cabo de un tiempo, inicie un viaje en una maquina que había inventado. Era una especie de cesta de la que salía unas alas que yo conseguía mover por unos pedales. Pasaron unas semanas y la comida ya empezaba a faltar y lo único que veía era mar, mar, mar y… ¿he dicho mar?
Cuando ya lo iba a dejar, vi a lo lejos tierra, pensé que me había vuelto loco, me acerque y resulto que no estaba loco, que si que había tierra, pero al revés, pegada al cielo. Aterrice y me  encontré con un chico que andaba al revés, haciendo el pino. Le salude:
-Hola, me llamo Gulliver ¿y tú?
-Fernanz llamo me encantado.
Había llegado a Verres. Me di cuenta de que no solo andaban al revés sino que también hablaban al revés. También que empezaban la comida por el postre, la gente empezaba siendo mayor y luego niño. Me quede un par de años en ese lugar cuando regrese era dos años más joven.

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